Artistas: Alejandra Mizrahi, Malcon D´Stefano, Julia Rossetti, Ulises Mazzucca, Benjamín Felice, Lihuel González, Damián Santa Cruz, Gonzalo Maggi, Constanza Chiappini, Eugenia Gonzalez Mussano, Julia Levtein, Gisella Mailen Scotta, Iumi Kataoka y Francisco Vazquez Murillo.

Curador: Joaquín Barrera

15/08/2019 - 18/08/2019

Tomo un papel y un lápiz sin punta con el trazo gastado y empiezo sin tapujos a escribir un montón de palabras que retumban en el fondo de un colectivo. Esa procesión de sonidos aleatorios compone sin querer una sinfonía coral de voces perdidas. El anonimato creo que me hace fuerte y la operación se repite una y otra vez. El lenguaje es verbal; la imagen,  visual. Los diálogos me acercan a las intimidades de cada uno de los hablantes. Y ahí está todo: lo más primitivo de sus deseos como banderas levantadas de un acto de voluntad. Lo originario suele ser muchas veces el objetivo más genuino de este paso por la tierra, y sin embargo es tantas veces postergado.

 

Lo afectivo, el interés, el discurso, lo mudado, lo nómade, la raíz, el gesto, la lealtad, los signos, la intersección, el lenguaje, lo solitario, la extrañeza, lo señalado, el cobijo, la cadencia, el cuerpo, la conciencia espacial y lo afectado aparecen en esta exhibición conjugados misteriosamente para lograr una alquimia rara de intencionalidades dispersas en un espacio inhóspito, ruidoso y cercano a un pasado que se nos desvaneció de entre las manos. En este viejo taller mecánico de camiones las obras exhibidas actúan con una naturalidad propia de su origen; extirpada toda forma de solemnidad, aparece con una fuerza arrolladora la voluntad del artista y lo primario de su producción.  

 

Operaciones Afectivas es una excusa para unir todo aquello que parece estar disperso, suelto y errante en una escena argentina compleja e interprovincial. Les artistas que componen esta exposición nos proponen acercarnos desde una óptica doméstica a la intimidad de sus actos y decisiones y a observar como voyeurs sus procesos de producción en curso. El capricho como sustantivo vincula puentes naturales y procesuales en común que unen un discurso de época, una forma del hacer y un romance sincero con la materia. La idea de juego, de hacer por la apetencia de hacer, de volver a la raíz y de desarmar estereotipos construidos en castillos de naipes pone en evidencia las afectaciones propias de los procesos de producción y su tiempo histórico. Quitado todo margen de asepsia y formalidad, lo exhibido retorna a su lugar más honesto y del que a veces le cuesta salir: el deseo.

 

Afuera, en la intemperie, todo está por construirse y sin embargo algo abriga, como gesto político-afectivo, la esperanza de un mañana empático. Esas voces disipadas toman cuerpo de discurso y siento que el anonimato se pierde y se diluye en el abrazo de la contención poética de encontrarnos para gestar vínculos transversales. El viento sopla y hay un refugio. Estoy seguro que lo encontré.


 

Joaquín Barrera